lunes, 9 de febrero de 2009

LA CASITA DE MADERA

Después de casi nueve años, volvimos a conversar con los dueños de la histórica
"Casita de Madera" de la calle Lijo López y Libres del Sud. Allí estaban Nélida y Antonio quienes fueran protagonistas de la nota que realizáramos en mayo de 2000 y que saliera publicada en el número siete de la revista de las Asociaciones de Fomento de la Zona Norte. Esa edición es guardada por sus dueños como una reliquia familiar. En esta oportunidad estaban con hijos y nietos. Nos contaron sus recuerdos a 50 años de haber venido por primera vez.
Esta vivienda, realizada íntegramente en madera, alberga desde hace cincuenta temporadas a Antonio Rizzo y a Nélida Merli, durante sus vacaciones estivales. En esta oportunidad estaban acompañados por su hijo Claudio, su nuera Roxana, y a sus nietos Rosario y Nicolás.Comenta Nélida que por esta casa pasaron ya cuatro generaciones ya que en los primeros años venían a la ciudad acompañados por sus padres, Atilio Merli y Magdalena Belando.
La casa, al parecer, fue morada del Ingeniero de la empresa Suiza quien dirigió la construcción de la Colonia de Vacaciones Alfonsina Storni, en la década del 30. También, según cuentan los actuales moradores, había una vivienda muy similar pero un poco más grande, a media cuadra sobre Lijo López, que servía de albergue a los obreros que trabajaron en la construcción. Hablamos con los Rizzo de cómo eran esos tiempos en los que vinieron a vivir al barrio y esto nos contaron.
Con gran alegría Antonio y Nélida narran que todos los años desde 1958, fecha en que compraron la propiedad a Juan Gabutti, antiguo vecino de la zona, vienen a descansar al barrio Constitución. En esos años, iban a hacer las compras al almacén “El Porvenir” propiedad de la familia Heiss, donde hacían tarifa diferenciada para turistas y residentes. A ellos, como se quedaban desde noviembre hasta mayo, los consideraban del lugar. Antonio se acuerda de una anécdota durante una compra en el almacén al ir a pagar, el Sr. Heiss acercándose le dijo en voz baja el monto de la misma, para que no se enteraran los turistas que estaban en el lugar.
Otro de los comercios que le vienen a la memoria como señeros era el Kiosko de “Pola” que estaba a la vuelta de la casa por la calle Esquiú, otra de las citas infaltables.También evocan de esa época las plantaciones de trigo y maíz que había frente a la casa, en las quintas que aún se sembraban en el lugar. Comentan que desde su casa podían ver la de los vecinos de varias cuadras alrededor, “siempre y cuando los choclos no estuvieran muy altos”.
La playa obligatoria era Estrada, única bajada habilitada para bañistas al desembocar la calle homónima. Allí se daba el encuentro con todos los vecinos y turistas que se repetían año a año.Había otra bajada en la calle Acevedo, pero era utilizada por los chicos de la Colonia de Vacaciones exclusivamente.
También había un colectivo chiquito que pasaba por la calle Libres del Sud, que levantaba mucha polvareda, ya que las calles aún eran de tierra, y que siempre pasaba a horario. Las únicas luces que se veían eran las de la Colonia de Vacaciones.


Había un único colectivo que llegaba al centro que paraba en Constitución y Patagones en el restaurant PICHI-BIBI, que estaba allí. Era bar, restaurant y se jugaba a las cartas, estaba atendido por Alfredo, quien ahora es dueño del restaurant la Delfina en Sierra de los Padres.
Para venir a la ciudad, en los primeros años traían un botiquín con todo lo necesario por que no tenían farmacia cerca, recuerda Nélida que uno de los chicos tuvo un problema de falso crup y fue atendido por uno de los médicos de la colonia de vacaciones. Luego de unos años, agrega, abrió la farmacia Pereyra, que estaba en Patagones y Velencia, donde íbamos todos los del barrio por remedios y consejos, Pereyra es un excelente profesiona y persona.
Recuerdan que en el lugar había muchos animales sueltos, caballos, y comadrejas a las que cazaban con trampas.También a las tardes cuando se escuchaba como un murmullo, era la señal de que pasaban los chicos de la colonia que habían salido a caminar por el barrio.Entre los paseos estaba la vuelta por el Parque Camet, o ir a la tarde a comprar dulce de leche y caramelos Chimbote a la calle Tejedor, que era de tierra y tenía unas veredas muy altas y solo una mano de ida y una de vuelta.
Nélida nos cuenta que una vez se desató un incendio en una de las quintas y salieron todos los vecinos con bolsas y palas a apagarlo.
Entre los vecinos recuerdan a Ricardo Lawson (el inglés) y su mujer Josefina, sudafricana descendiente de holandeses. Ellos vivían por Libres del Sud al 1300. Lawson había venido a trabajar a la Patagonia con los ferrocarriles Ingleses y luego se quedó aquí porque le gustaba Argentina, desafiando la voluntad de su padre que había venido de Inglaterra a llevarlo. Era el mecánico del lugar, reparaba todo a los vecinos. Cuando alguien comentaba que tenía algo roto el decía con ese acento inconfundible: “no hay problema yo arreglo”. También tenía quinta y se enorgullecía de las plantas de acelga cuyas hojas llegaban a medir 45 cm de largo.También había dos señoras solteras en la casa de al lado, que aún se conserva, sobre la calle Libres del Sud, también eran inglesas.Recuerdan también a la familia Piatti y al Sr. Gabutti, con quienes se reunían junto a las Inglesas y Lawson a cenar.También recuerdan al Sr. Gorriti, un italiano que vivía en Mariani y Blas Parera, quien fuera presidente de la Asociación de Fomento Constitución. No medía más de 1,60, andaba siempre con gorra y cuando se ponía el traje negro era por que iba a la Intendencia a solicitar algo para el barrio. Era muy amigo del Intendente Bronzini y trabajaba mucho por el barrio, comenta Antonio.
También dicen que venía a veranear el ex presidente Illia, a una casa de unos vecinos radicales que vivían sobre la calle Patagones entre Constitución y Cataluña, aún se conserva la casa.Recuerda Nélida que en aquellos años se vivía la alegría de encontrarse, “cuando veníamos y veíamos a los vecinos realmente nos alegrábamos mucho”, “había más afecto”

Agradecemos la colaboración de Martín, vecino del lugar para establecer el contacto con la Familia Rizzo.

1 comentario:

  1. RECUERDOS DE HACE SIN CUENTA.

    Recuerdo también, por aquellos años, que si salías a tirar el agua del lavado de los platos o de la ropa –eran otros tiempos ecológicos, había que evitar que el pozo negro se llenara- las vacas y los caballos que andaban sueltos por el lugar, te seguían.
    Claro que esto fue antes que una excavación sobre un lote en la calle Libres del Sud, yendo hacia la Av. Constitución, se llenara de agua de lluvia y se convirtiera en una laguna… donde “pescábamos” renacuajos…
    justito en frente del fuerte que habíamos construido entre unos árboles -“El Mangrullo”- al fondo de un lote, casi en el centro de la manzana; fortaleza inexpugnable que nos protegía de los ataques más variados.
    Ahora paseo por el mismo mar, pero desde la otra orilla.

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